Barcelona es una ciudad cosmopolita que alberga dentro de sus límites muchos sitios de interés turístico, entre los cuales destaca un maravilloso espacio de esparcimiento y recreación, enclavado en sus territorios más orientales, próximos al Mediterráneo.

El Parque de la Ciutadella o Parque de la Ciudadela es un parque público de más de 17 hectáreas –sin contar el área del zoológico– que se ubica a unos 300 metros de la costa mediterránea y que constituye en un verdadero pulmón vegetal para los barcelonenses.

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Un inicio no muy noble

No podemos decir que el origen de este parque sea de muy grata recordación, ya que fue un área donde se creó una ciudadela fortificada (de allí su nombre) que sirvió para que Felipe V, a mediados del siglo XVIII, resistiera el asedio sobre Barcelona en la guerra de sucesión, y sus altos muros fueron testigos de cruentas luchas y encarcelamientos.

Algo más de cien años después, en 1869, el gobierno del General Joan Prim lo entregó al cabildo de la ciudad con la única condición de que se instalara allí un parque para beneplácito de la ciudadanía. Así fue como, en ocasión de la Exposición Mundial de Barcelona en 1888, se dispuso su apertura.

De allí en adelante se convirtió en el sitio de encuentro preferido para el esparcimiento y contacto con la naturaleza. Sus amplios jardines invitan al sosiego y la relajación. Sus extensas caminerías están bordeadas de abundante vegetación en donde podemos encontrar más de cien especies botánicas de todo tipo, entre las que resaltan las bellas magnolias y los imponentes álamos.

Su perímetro es rectangular (con excepción de su lado sureste, que tiene forma de arco) y está dispuesto diagonal a los puntos cardinales. Posee varios accesos; sin embargo, el principal y más imponente es el que se encuentra conectado al majestuoso Arco del Triunfo, al cual se accede al trasponer unas impresionantes rejas con labrados y farolas de gran detalle.

Un museo escultórico al aire libre

Una vez dentro sus espacios atrapan la mirada y llaman poderosamente la atención las numerosas piezas escultóricas que adornan sus senderos interconectados. También se pueden apreciar la galería de bustos de prominentes figuras públicas de la historia de la región.

Su entramado de caminos ofrece al visitante lugares espléndidos para realizar picnics al aire libre o simplemente compartir a la sombra de sus frondosos árboles, mudos testigos del convulsionado y difícil pasado histórico vivido en el lugar.

Una de sus importantes atracciones lo constituye sin duda la Cascada Monumental, una estructura en cuyo diseño participó el hijo pródigo de la capital catalana, Antoni Gaudí, y que deleita la mirada de grandes y chicos con sus grandiosas fuentes llenas de esculturas que se entrelazan con la caída de agua, que culmina en un estanque custodiado por dragones cuyas fauces expulsan agua en vez de fuego.

Igualmente se pueden apreciar varios monumentos ecuestres, entre los que destaca el del General Joan Prim, el Monumento a Bonaventura Carles Aribau y uno dedicado a los Voluntarios Catalanes.

Bellos jardines engalanan sus espacios

Jardines muy bien cuidados nos llevan a la antigua plaza de armas, donde un estanque de forma oval acompaña a la famosa escultura del Desconsuelo. Cabe mencionar que los jardines ubicados frente al Museo Martorell de Geología llevan el nombre de Fontseré Mestre, en homenaje al proyectista inicial del parque.

También es de visita obligada el Castillo de los tres dragones, el Umbráculo, el Invernáculo y la sede del Parlamento de Cataluña. El parque estuvo conectado en su proyecto original con la costa marina mediante una estructura aérea que lamentablemente hubo que demoler en 1939 por daños irreparables sufridos luego de la Primera Guerra Mundial.

A los más pequeños les encanta disfrutar de los paseos en barco de remo que pueden hacerse en el lago artificial, desde el cual se puede escuchar el graznido de los numerosos patos que lo habitan.

Alberga además al zoológico de Barcelona, uno de los más reconocidos de España y toda Europa, así como también el museo de Geología en donde se exponen piezas únicas.

Fontseré Mestre fue el autor del proyecto del parque, quien se empeñó en hacerlo realidad enfrentando muchos obstáculos financieros que retrasaron en muchas ocasiones las obras. En 1951 fue decretado como patrimonio histórico-artístico de la ciudad.

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